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 Prehistoria

Tal y como han revelado los recientes estudios realizados para la elaboración de la Carta Arqueológica del municipio, hay constancia de ocupación humana en el término municipal de Torralba de Calatrava desde el Paleolítico. A pesar de lo cual el primer resto de presencia humana estudiado pertenece a la Edad del Bronce que se extiende entre 1800 y 750 a.C. Nos referimos a la Motilla de Torralba.

Se encuentra situada al norte del municipio. Es una pequeña elevación artificial del terreno de unos 5 a 10 metros de altura y de 50 a 100 metros de diámetro, que surge en la llanura fruto de la acumulación de estratos de un asentamiento humano. Fue inicialmente excavada por Don Inocente Hervás y Buendía a finales del siglo XIX.


Edad Antigua

En época romana, toda la zona, fue un enclave esencialmente de paso de los diferentes caminos que cruzaban la Península de norte a sur y de este a oeste. Sobre esto no cabe ninguna duda, toda vez que los restos que aún se conservan están directamente relacionados con las calzadas romanas.

Las características que definen los territorios de esta comarca, a partir del siglo IV son: la debilidad demográfica y el proceso de ruralización.


Edad Media

En 711 se establecen los musulmanes en todo el territorio, pronto surgen luchas internas entre árabes y beréberes y el control del territorio pasó a ejercerse desde una serie de fortalezas situadas en emplazamientos elevados, siendo la más importante de esta zona la de Calatrava. Esta plaza fuerte jugó un papel esencial de comunicación entre el sur y el centro peninsular entre los siglos IX y XIII.

La conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI, hizo que esta zona se convirtiera en escenario de la conquista cristiana entre 1085 y 1212.La conquista y posterior repoblación de La Mancha se inscribe dentro de un proceso más amplio que abarca los siglos XI al XIII y que culmina con la ocupación de los valles del Tajo y del Guadiana este proceso queda enmarcado por tres grandes acontecimientos de armas: la toma de Toledo en 1085 y la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, con el paréntesis de la derrota de Alarcos en 1195.

La fortaleza de Calatrava la Vieja se entregó a la Orden del Temple para su defensa, en 1147. Pero la presión almohade detuvo el avance cristiano en ese mismo año y una década después, en 1157, la Orden renuncia a la defensa de la plaza de Calatrava. Fue en este contexto en el que nacieron las Órdenes Militares hispanas, aunque la de Calatrava es la que más directamente se relaciona con la conquista del Valle del Guadiana.

La Orden de Calatrava nació cuando Don Raimundo de Fitero, monje Cisterciense se hizo cargo de la defensa de Calatrava, atendiendo la demanda del rey Sancho III. Pero la repoblación del Campo de Calatrava quedó detenida por el avance de los Almohades a partir de 1171, que culminó con la derrota de Alfonso VIII en Alarcos (1195), de modo que esta fortaleza y la de Calatrava, junto con otras, quedarán de nuevo en manos musulmanas.

El avance almohade se detiene en 1211 con la toma de Salvatierra y Dueñas en el verano de 1212 comienza la ofensiva cristiana, que ocupará primero Malagón y luego Calatrava, avanzando hacia Alarcos pasando, por Caracuel, Benavente y Piedrabuena culminaron la Batalla de las Navas de Tolosa, que desplazó la frontera cristiano-musulmana, al sur de Sierra Morena, quedando, así, esta zona, dispuesta para la repoblación definitiva.

La economía a lo largo de todo el periodo se basó en la agricultura, con los cultivos de: trigo, vid y olivo, pero con un mayor peso del cereal. A pesar del peso que supuso la existencia de una importante agricultura, la ganadería constituyó una actividad incluso más importante, especialmente ligada al fenómeno de la trashumancia. En ese sentido, hasta mediados del siglo XIII predominaron los ganados pequeños pero tras la creación de la Mesta se generalizaron los grandes rebaños, pertenecientes a las Órdenes Militares y a otras instituciones señoriales.

Todo ello vino a establecer las bases de una cultura predominantemente rural que se visualiza a través de una amplia serie de monumentos de singular valor histórico y artístico a lo largo de su amplio territorio y un patrimonio medio ambiental fruto, también, de los usos de esa cultura esencialmente agrícola.


Edad Moderna

Tras las crisis provocadas por la guerra civil de 1475– 1479 y la consolidación de la Monarquía Católica, se sientan las bases de un crecimiento poblacional y económico que eclosionará en la centuria siguiente. En el siglo XVII se asiste a una paralización y posterior periodo de crisis, con una recuperación a finales del mismo, para alcanzar una estabilización y un cierto crecimiento en el último siglo de este periodo.

Aunque con ciertas matizaciones y teniendo en cuenta los altibajos provocados por pestes (1507, 1515, 1521 y 1530) y malas cosechas (1541/42 y 1543/44), podemos decir que la tendencia general del siglo fue un crecimiento paulatino, de modo que la centuria se cierra con un saldo positivo respecto de sus inicios. El freno al crecimiento comienza en torno a 1590– 1600, constatándose un descenso entre 1605 y 1616 hasta 1645 nos encontramos con una cierta recuperación demográfica que más debe considerarse como un mero mantenimiento de un régimen demográfico que se hunde definitivamente a mediados de siglo, probablemente debido a la incidencia de la peste de 1647. Es en la segunda mitad del siglo cuando se produce la recuperación, pero de una forma tan lenta y escalonada que apenas es perceptible, aunque la catástrofe económica de 1680 - 1682 y la peste de 1684 puede decirse que afectaron a un tejido social en evidente recuperación y en el que se sentaban las bases del crecimiento en el siglo siguiente.

La base económica de este crecimiento continuó siendo la agricultura, especialmente el cereal de secano y junto a ella la ganadería, en la que aparece con un gran peso del ganado ovino. En cuanto a la escasa industria existente en la zona, aunque había numerosas actividades, no traspasó la frontera del abastecimiento local y las que sobresalían de alguna manera, como la textil–representada en los centros pañeros del Campo de Calatrava- quebraron definitivamente a mediados del siglo XVII, destacando únicamente producciones aisladas como las blondas de Almagro.

Una vez asentada la Orden en la fortaleza de Calatrava la Nueva, los Maestres de Calatrava se trasladaron a la vecina Almagro, donde construyeron el Palacio Maestral, desde el que administraban, además de la encomienda de esta localidad, el total de los territorios que la Orden poseía en todo el Campo de Calatrava y entre las que se encontraba la villa de Torralba de Calatrava, salvo algunos bienes que pertenecían a la Encomienda de Pozuelo.

La Edad Moderna va a suponer el despegue de esta comarca y una eclosión cultural que engrandecerá y embellecerá las diversas villas sembrándolas de majestuosos edificios y creaciones donde se ponen de manifiesto los nuevos lenguajes artísticos primero el renacimiento y posteriormente el barroco, que en esta zona alcanzará un gran desarrollo. Las primeras construcciones a destacar son las Iglesias Parroquiales, estas, normalmente, eran los primeros edificios públicos de importancia que se construían. La fábrica de las parroquias estuvo siempre a cargo de la Orden, que tenía la potestad reconocida de erigir iglesias en sus territorios. En el siglo XVI se construyen, junto a la ya mencionada, la de Madre de Dios (Almagro), el templo parroquial de Carrión de Calatrava, la iglesia parroquial de San Bartolomé en Valenzuela de Calatrava, la de San Juan Bautista en Pozuelo de Calatrava. También del XVII es la de Ntra. Sra. de la Asunción en Miguelturra, con cabecera del siglo XVIA caballo entre los dos siglos se encuentra la iglesia parroquial de San Felipe y Santiago, en Bolaños de Calatrava.

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